En la biblia, exactamente en el libro de Génesis, dios expulsa a Adán y Eva del paraíso, en ese momento los maldice así: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”. De ahí el refrán referido al trabajo que todxs conocemos. Para la mayoría de las personas no hay nada más dignificante que el desvivirse por el trabajo, en cada mesa chilena de clase media se ha hablado alguna vez del esfuerzo de nuestros padres para llevar el pan y de los sueños que el trabajo duro proporciona. Esta creencia sobre el trabajo ha llegado a justificar condiciones laborales precarias y extremas, naturalizadas por la sociedad y que se comparan o igualan a la esclavitud, como por ejemplo en Chile: largas jornadas de trabajo al sol para los trabajadores de correos; horarios que no contemplan las horas de almuerzo, desayuno o idas al baño para los trabajadores del sistema publico de transportes; nula proteccion para accidentes y enfermedades para lxs trabajadorxs a honorarios; y asi una larga lista en la que cada trabajador asalariado tendria algo que colocar.